Poema Columnas

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PEZDEPALABRAS

PEZDEPALABRAS

(Experimento de poesía multifocal. Versos que se cruzan, se mezclan, se leen en múltiples direcciones. Un cardúmen de sentidos las palabras)

PEZDEPALABRAS

Luna nueva

La noche se vacía siempre que el tiempo cíclico le trae a contrapelo un silencio,
siempre que arranca de su manto un pellejo de luna,
siempre que chupa su manso reflejo y lo trastoca en bruma.

Yo soy la noche y soy la luna
entrando y saliendo del mundo al unísono.

Luna nueva

Hoy quiero soltar un poema
como solté el suspiro que llevaba conmigo.

Salvar las distancias
entre nuestros caminos y nuestras verdades personales.

Entregarme al cielo que gira sin esfuerzo.

Ser la noche que recien comienza
y ver como la luna llena se desdibuja lentamente de mi cuerpo infinito.

Mi alma pesa 25 gramos.
y está hecha de humo que se pierde.
Flores que se queman, humo que se pierde.
Y ceniza, 25 gramos de ceniza que se cae.

Un suelo donde se entierra
mi alma también es un suelo.
un agujero, una madriguera.
un vacío.
Un brote, sin semilla.

Una cicatriz en el rostro
eso es mi alma.
Un bosque en la noche
refugio para lo muerto.
Misterio donde fugan certezas
único lugar que nos habita.

Ese perro a la distancia,
ese perro a la deriva es
más negro que todas las cosas que pueda nombrar esta noche.

Ese bicho que mastica basura
y en el mejor de los casos rockea
camina sabiendo solo su momento.

En sus ojos su pasado.
O en su actitud, digamos mejor.

Y en sus dientes se oye el cuerpo.
Sí, en sus dientes el cuerpo
la música desde el fondo
la tarde que continúa
hasta su tibia muerte en el ocaso.

Aquel perro que camina
mira las cosas y no rima
ni con la paz ni con la riña
ni con caviar ni con la villa

Aquel perro mira la tinta
la sangre en la lira
y pinta consigo palabras
para palear las madrugadas…

Sí, palabras para palear las madrugadas.

Ese era un invierno muy crudo. El sol quedaba tan lejano que ni siquiera en sueños podía proponerse cocinar los deseos, cocer las ilusiones de nadie.

Matias se despertó dos minutos antes de que sonara el despertador. Dos minutos es el tiempo que le toma desenredarse de Cintia sin despertarla y apagar la máquina-de-volver-al-mundo para que no cometa el crimen con su bella durmiente.

En esos años estaban viviendo en una casa muy chiquita. La cocina y la habitación podían ser un mismo espacio, hacía tanto frío que llegaron a fantasear con dormir con hornallas prendidas para sumar calor. Matias pasó sus cinco minutos de té mirando a su amor entre las sábanas, y mientras se vestía de serio la poesía le ganó a los trajines laborales.

Un cartelito bien a la vista dijo: Te dejo un abrazo sobre la mesa. Ponetelo cuando salgas que hace mucho frío.

Julia estaba escribiendo la crónica mensual que le completaba el sueldito de todos los meses. Dió un bostezo muy laaargo, y se dió cuenta que se había hecho tarde. Se imaginó en la cama calentita y no lo pensó dos veces.
Se lavó los dientes y la cara
se puso su vestido más lindo
se acomodó un poco el pelo
y dudó si perfumarse.
Se acostó en la cama y se tapó con una frazadita.

A quién traerás a tu sueño, Julita?