Autopsistas

Sobre la tierra
yerma de escombros
rellena de tosca
bañada de arena
pulida de concreto
el coche transita con todo su peso
pero adentro
nosotros estamos afuera.

Caminamos con los ojos
el sendero intermitente
de luces que la autopista
nos cobra para prestarnos.
Tocamos con la mirada esas vivas
luciérnagas del hombre iluminan la carretera
una mirada filosa abre los cuerpos de sus deseos.
Extirpa esa luz misteriosa que se enciende.
Viajan las ilusiones
Buenos Aires – La Plata.

Abro los ojos.
Entiendo que dormía.
En el baño me saco los sueños
que me quedan en la boca
las ganas que quedaron pegadas
en la comisura de los ojos.
Miro el tacho lleno de papeles
pero no tengo tiempo de limpiarlo.
de alguna manera me preparo
creo estúpidamente que estoy listo
y salgo corriendo para el trabajo.

autopsistas-foto-alan-maidana
Foto por Alan Maidana (My post blue)

https://www.flickr.com/photos/mypostblue

Amanece

Sin haber dormido

la ciudad continúa en su ritmo de prolijas incoherencias para algunos pocos.

Los perros comen restos de burguesía del suelo

los indigentes se cagan de frío en los recovecos de los negocios

los empleados menesterosos acomodan sus diligencias mientras ríen o lloran por los borrachos

los hombres y las mujeres caminan despuntando los últimos hilos de sus deseos e ilusiones

los milicos afilan la goma con que juntan a los resacados

el sol saliendo desde el océano no es nada significativo

ni significa nada más.

Fin de camino

Liberado a la incertidumbre
siento la angustia propia
de quien alza la mirada
frente al final del camino
y desentraña del laberinto de la llanura
una epifanía que resuelve y complica una existencia
un deus ex machina que desencadena el apocalipsis
un armageddon que confecciona un mercado omninacional.

Camino de la contradicción
el río no muere en la orilla sino en el océano
el cielo no tiene nada para ofrecernos
el infierno está harto de hipócritas
el pez olvida en segundos su condición
el poeta muere, mayormente, por la boca.

Replegada

Replegada, Catherín parece buscar en su silencio. Toda su quietud muestra su otra cara, aquella que quisiera desterrar para siempre de sí misma.

Su cara, la otra, la que Catherín esconde o la que se esconde a sí misma yace ahora sobre la cama algo deshecha. Sus patitas cruzadas son una obra de arte, piensa Paula, que la mira dormir desde la barra desayunadora. Piensa que está demasiado en silencio para lo que acostumbra, y piensa que ya no soporta más ese sopor suyo. Quiere saltarle encima, pero en su lugar un recuerdo se le adelanta y salta sobre Paula.

Un mal recuerdo. Un buen recuerdo, quién sabe. En fin, un recuerdo. Y eso siempre significa nostalgia, y las más de las veces melancolía.

De modo que reconociendo la imposibilidad física de luchar en su contra Paula avanza. Se mete en la boca del lobo, entra en la cueva del dragón, busca el ojo del ojo de la tormenta…

Escondidas llegaron los primeros besos

tu mano buscaba en mi laberinto

llegar al centro.

Escondidas nuestras almas

en la cueva de la pasión

S O L O

de nosotras mismas.

 

El viento era furia en todas direcciones. Memorias como ménades se empecinaban en voltear todo cimiento. Solo el maullido triste o compasivo o desperezante de Catherín consigue traer una suerte de calma hasta la habitación. Eso, sumado a un hostil danzar de uñas sobre la almohada, logran que la celosamente deseada mirada de amor y de odio se pose nuevamente sobre ella. Solo sobre ella.

gato2

Nada concreto. Solo el sol y el sonido del momento.

El viento arremolinándose desde el océano hacia el mar y luego al río. Las baldosas tibias conquistando el terreno, el musgo verde conquistando las baldosas. La altura, el espacio vacío llenándose con lo innominable. El cielo prefigurando tu nombre, aún antes de saber que todo siempre se reduce a los nombres. Tu nombre bamboleandose con el viento, nada concreto.

Nada concreto, solo el miércoles y la terraza.